Conteo

Ignacio Terranova

Si supieras cuántos poemas hablaban de ti.
Cuando yo te sentía cerca de mí.

Todas las noches llorando por aquella que prometía cesar mi sufrimiento.
Me preguntaba "Dios ¿nunca llegó?"

Una mañana gris, mis ojos oscurecidos.
Veía cómo miles de poemas a aquel le eran recibidos,
pero por dentro sabía que no eran apreciados.
Era algo sabido.

Dios escuchó mis plegarias,
una musa, que me acaricia todas las mañanas.

Un café en la ventana,
unas piernas que rozan las sábanas en mi cama.
Una boca, que llama,
que me llama.

Mi nombre no era lindo,
hasta que de tu garganta lo expulsaste.

Miro sus versos,
aunque me sienta decaído.
Amo sus dedos,
son un lienzo sin destino.
Arte eterno,
arte en el que me enveneno.

Pintame con tu lienzo,
ahogame en tus penas,
amame, amame sin condenas.