«En forma casi diríamos casual; cierta vez que me hallaba en la ciudad de Santa Fe, comentaba con un amigo un cuento aparecido en el suplemento literario de un diario, donde el protagonista, perdido en la selva y agobiado por la sed, distingue una planta de caraguatá, va hacia ella y, según el autor, “cortó la flor, la estrujó y bebió el líquido que caía”, lo que es un soberbio absurdo, puesto que el vegetal aludido conserva el agua al unirse al tallo. Yo expresé mi descontento y el amigo, en tono burlón, me respondió: “Y si sabés esas cosas tan bien, ¿por qué no las escribís?”. Era como un desafío a mi habilidad y le respondí escribiendo un cuento sobre gente del litoral. Lo envié a una revista porteña y tuve la suerte de que no solamente lo publicaran, sino que me pagaran por el mismo. Entonces seguí enviando, y sin casi quererlo, me vi convertido en cuentista», relató Velmiro Ayala Gauna (1905-1975) acerca de su encuentro con la literatura.
Ayala Gauna nació y se crió en Corrientes. A los 22 años, ya recibido de maestro normal, se mudó a Rufino y comenzó a trabajar como docente. En 1930 arribó a Rosario. Fue un activo militante del Partido Socialista y orador en los mitines callejeros. El periodismo radial y la enseñanza fueron sus grandes desvelos además del literario. Incluso cuando son irreales, como el pueblo litoraleño de Capibara-Cué en el cual transcurren los cuentos policiales de la saga de Don Frutos Gómez, los escenarios de sus cuentos remiten siempre a la provincia de Corrientes. Rufino, Rosario y más tarde la ciudad de Santa Fe fueron sus hogares; el litoral del Alto Paraná y la selva correntina, su patria literaria.
Logró crear un personaje perdurable: «Un tipo con el que usted y yo nos sentiríamos no del todo cómodos porque lo averigua todo casi sin preguntar, pero con el que dan ganas de seguir estando para verlo moverse entre la gente, estudiar los yuyos y los jugos que sueltan los árboles, mediar en alguno de esos conflictos que se encienden entre dos cabezas que son más duras de lo conveniente, sentarse a la puerta de la comisaría a mirar el río, vigilar, sin que se le escape un solo detalle», según Angélica Gorodischer. Se trata, por supuesto, de Don Frutos Gómez. Ayala Gauna publicó los libros de narrativa Cuentos correntinos, Los casos de Don Frutos Gómez, Leandro Montes, Otros cuentos correntinos, Paranaseros y Cuentos y cartas correntinos y los ensayos Rivadavia y su tiempo, Litoral y La selva y su hombre.
La presente edición digital de Don Frutos Gómez, el comisario toma como base la edición en PDF publicada en 2015 por Espacio Santafesino Ediciones como parte del Proyecto Territorio, la cual se basa en la primera edición del libro publicada por Editorial Hormiga, Socios de la SADE (Filial Rosario), en 1960.
A los fines de optimizar la fluidez de lectura, se decidió modernizar la acentuación ya en desuso de ciertos monosílabos y normalizarla allí donde aparece de forma irregular. Mientras que la puntuación, incluso en los casos más caprichosos y arbitrarios, se respetó siguiendo el original. Por último, se corrigieron las erratas evidentes.