Después de años de estudio y de trabajo terminé mi máquina. Era mucho más chica y sencilla que la de Wells: sólo una cajita de acero con un botón y un dial. La probé en la pensión, frente al espejo, enseguida de afeitarme, y pasé sin sentirlo a medianoche. Insistí, y llegó como un golpe el día siguiente. Muchas otras pruebas y muchas ausencias repentinas me enseñaron los riesgos y la técnica del viaje. Tal vez alguien muy imaginativo sepa qué significa la palabra libertad. Yo encontré una definición: ahora sé que era ilusoria, pero nadie conoce ni siquiera esa ilusión. Libertad es decirse «me voy al futuro» y apretar un botón y largarse. Yo lo hice.